Agatha Christie, mucho más que una escritora

El pasado 12 de enero se cumplieron 41 años de la muerte de Agatha Christie. Cuando se oye su nombre, lo primero que se recuerda es alguno de los títulos de las más de 60 novelas que publicó, o sus archifamosos personajes Hércules Poirot y Miss Marple. Pero hay más razones para recordar a la escritora.

UNA VIDA POCO CONVENCIONAL

Desde pequeña su madre la animó a practicar actividades que probablemente en esa época se consideraban poco apropiadas para una señorita: nadar en el mar, navegar o caminar por los páramos del Parque Nacional de Dartmoor, en el Reino Unido. En 1911 la llevó a París para que pudiera volar en aeroplano. Con su primer marido, Archibald ‘Archie’ Christie, viajó durante 1922 por Sudáfrica, Australia, Nueva Zelanda y Hawái. De esa aventura sacó la escritora una gran afición por el surf.

UNA DAMA DE ORIENTE

Para superar la muerte de su madre y su divorcio, en 1928 Christie viajó en solitario a Bagdad. Fue el primero de sus trayectos en el famoso tren Orient Express. Fue invitada por el arqueólogo Leonard Wooley a visitar las ruinas de la ciudad sumeria de Ur, y esa invitación cambió su vida para siempre: descubrió su amor por la arqueología.

Al año siguiente, en su segunda visita a Ur, conoció a Max Mallowan -arqueólogo, naturalmente-, con quien se casó en 1930. Christie acompañó a su marido en todos sus viajes de trabajo, participando activamente: catalogando, fotografiando y revelando las piezas, reconstruyendo cerámica y limpiando las piezas de marfil con crema facial (un sistema que inventó ella misma). También se ocupaba de la intendencia. Y además escribía novelas, tal y como explica Cristina Morató en su libro ‘Las damas de Oriente’.

Como director de la Escuela Británica de Arqueología en Irak Mallowan fue responsable de las excavaciones en el yacimiento de Nimrud entre 1948 y 1958. Fue allí donde Christie empezó a escribir sus memorias, en 1950.

EL YACIMIENTO DE NIMRUD

Nimrud está ubicada junto al río Tigris y a unos 30 kilómetros de Mosul (Irak). Tiene otros nombres: fue Kalhu para los Asirios, y en la Biblia se la cita como Calaj o Kalakh. Fundada en el siglo XIII, estaba protegida por una muralla de 8 kilómetros de largo. Hoy no queda apenas nada. En abril del 2015 Estado Islámico difundió un vídeo que mostraba la destrucción intencionada del yacimiento arqueológico. La zona fue recuperada por las fuerzas iraquís en noviembre del 2016. Hace unos días Saadi Ali, responsable del yacimiento, confirmó que el 90% de las ruinas han resultado gravemente dañadas.

El British Museum ha sido repetidamente acusado de expolio cultural. Hay sectores que le exigen que devuelva parte de su colección a los países de origen. La realidad es que muchos de los objetos fueron obtenidos por métodos poco legales. Pero tal vez debamos agradecer, de manera excepcional, que albergue las piezas recuperadas en Nimrud por Mallowan con la ayuda de Christie. No queda apenas nada más.

Publicat originalment a ‘El Periódico’, el 18 de gener de 2017.

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